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Fábula De Las Hojas Con Ilusión

LA FÁBULA DE LAS HOJAS CON ILUSIÓN

La fábula de las hojas con ilusión es una historia del servicio militar, de un día cuando nos tocaba barrer las hojas (¡qué mayor soy ya, qué pena!). Era la tarea más coñazo que te podía tocar: barrías la carretera y si había un poco de viento, cuando llevabas 20 minutos mirabas para atrás y la carretera volvía a estar llena de hojas. Era desesperante, sin embargo, un día los 4 que nos había tocado barrer (estábamos castigados), decidimos hacer una competición: a ver quien cogía más hojas en una hora. Cogimos más que nunca. Yo quedé segundo, pero el premio fue que se pasó la hora volando, no como el resto de horas.

El segundo día, decidimos hacer la competición por parejas, porque a la hora de llenar las bolsas, se hacía mejor en equipo y se iba más rápido, así además no estabas sólo y charlabas con alguien. Fuimos todavía más rápido y cogimos más bolsas que nunca. Yo volví a perder, pero no me importó porque la mañana se me pasó volando, no como el resto de las mañanas normales.

El tercer día, fue un día especial porque estábamos 10 marineros castigados cogiendo hojas. (si ya sé, suena raro lo de hacer la mili en Madrid en la Armada y que tu trabajo consista en coger hojas dentro de un cuartel, pero en realidad, en la mili, pocas cosas tenían sentido).

Esta vez la competición fue entre 5 parejas y todos pusimos 100 pelas, con lo que la pareja ganadora se llevaba 1.000 pelas que en aquellas circunstancias significaba una cifra muy interesante. Todos salimos a coger hojas como posesos, además con el rollo de la competición había mucho cachondeo, algún sabotaje, chillidos, etc. y lo más raro del tema es que no salió el sargento a llamarnos la atención ni una sola vez.

En condiciones normales, ya nos habrían puesto firmes un par de veces (en el sentido literal de la frase, es lo que tiene la mili), pero el sargento no apareció ni una sola vez en toda la mañana y nosotros nos lo pasamos fenomenal.

Al final del día, acabamos con las bolsas de basura y el recuento fue algo supergracioso, en la que participó mitad del cuartel. Mi pareja y yo quedamos terceros, pero todavía me acuerdo de las risas que nos echamos.

Lo más curioso de la historia es que en el cuarto día, y por primera vez en la historia de la Armada española, hubo voluntarios para ir a la carretera a barrer hojas de la carretera. Algo que os puedo asegurar que es el trabajo más coñazo que existe, además es muy frustrante, porque nunca se acaba y siempre tras un nuevo golpe de viento aparecen hojas de no se sabe donde…

Ese cuarto día éramos 10 parejas para barrer hojas y en cuanto que se dio el pistoletazo de salida (esta expresión no es literal, en la mili casi no nos dejaban tocar las armas, sólo las escobas) todo el mundo salió a la carrera. Hubo un cachondeo importante, con estrategias para elegir las mejores zonas o para saber jugar con el viento y encontrar los mejores rincones; llegó incluso a haber alianzas, lo que estuvo a punto de costar alguna pelea y no me acuerdo de todos los detalles, pero si me acuerdo que acabamos todos bebiendo botellines en el bar y contando anécdotas sobre los mejores momentos de la jornada. (Si alguien me hubiera dicho una semana antes que se podría contar alguna anécdota sobre una jornada cogiendo hojas, le hubiera dicho que estaba loco).

Lo más gracioso del tema, es que, según nos contaron los marineros que estaban de camareros en la cantina de suboficiales, por la tarde apareció el teniente y abroncó a los 2 sargentos de guardia porque había habido mucho cachondeo y se habían oído gritos desde su casa, los marineros habían estado jugando en lugar de trabajar y no era de recibo no cumplir con las misiones encomendadas, sean cuales sean las mismas.

El sargento García le respondió: – Señor, hoy se han recogido 3 camiones de hojas, récord absoluto en los 12 años que llevo en el cuartel, ni siquiera hace 4 años cuando se castigó a toda la marinería a recoger hojas durante 3 días se consiguieron llenar 3 camiones, por eso hemos preferido no intervenir y les hemos dejado que hagan el trabajo con alegría e ilusión.

Teniente: – Pues se puede hacer lo mismo, pero en silencio.

Sargento García: – Lo siento señor pero creo que no. De hecho creo que deberíamos premiar al equipo por los buenos resultados conseguidos…

Nunca nadie nos premió y nunca gané una de esas competiciones, pero aquel fue el primer otoño que cuando se acabaron las hojas no fue un alivio para la marinería, sino todo lo contrario.

¿Cuál es la moraleja de la fábula de las hojas con ilusión?

Si nosotros conseguimos hacer el trabajo más aburrido del mundo con alegría y con ilusión, además en la mili, que es el entorno menos motivador que he conocido, entonces cualquiera puede conseguir hacer su trabajo con alegría y con ilusión.

Si lo piensas, si tienes que hacer un trabajo, lo puedes hacer con ilusión o con desidia; sin duda, es mucho mejor con ilusión y lo mejor de esto es que la decisión es solo tuya, pero lo que es todavía mejor es que la ilusión es contagiosa, así que con tu actitud puedes contagiar a tu entorno y conseguir que mejore.

Las teorías americanas puede que hablen de los importante de ganar o del “leadership”, pero las historias de la mili y esta fábula de las hojas con ilusión me demuestran que lo importante depende de uno mismo.

Conrado Martínez Alcaraz

www.conradoymas.com

 

This Post Has 3 Comments

  1. Angela Salazar

    Hola Conrado, muy bonita tu historia. Tienes toda la razon. Un amigo budista me ensen~o que una buena manera de meditar es hacer cualquier oficio , hasta el mas aburrido, totalmente concentrado como si fuera un ritual y de esa manera cumplias con tu oficio, el tiempo pasaba mas rapido y a la vez meditabas. Tenemos que aprovechar las posibilidades que nos brinda el poder de la mente.

    Abrazos

    Angela

    1. Conrado Martinez Alcaraz

      Muchas gracias Ángela. Me alegra mucho que te haya gustado la historia y te agradezco que hayas dado tu opinión. También estoy totalmente de acuerdo con lo que tu mencionas.

      Un abrazo,
      Conrado

  2. Pingback: Marketing con ilusión Conrado y más

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