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Ser Egoísta Es Bueno

Ser egoísta es bueno

Y SI TE DIJERA QUE SER EGOÍSTA ES BUENO Y NECESARIO

¿No me crees? lee este post de hoy y verás que es cierto, es más nos lo dicen en la Biblia.

¿Choca verdad? A mi me lo han razonado en el curso sobre la Felicidad que estoy haciendo y me han convencido: ser egoísta es bueno.

Decide qué opción prefieres para tratar esta disertación sobre porqué ser egoísta es bueno, puedes escuchar el podcast en la plataforma que prefieras y/o seguir leyendo este post.

Verás, es todo un tema de falsas dicotomías.

Muchos hacen una división entre las personas que buscan el interés propio y las que buscan el interés de los demás. Entre quienes toman de otros y los que dan a otros. Entre los egoístas y los altruistas.

Durante siglos se ha asumido en el mundo occidental que el altruismo es moral y el egoísmo es inmoral. Por eso vemos el egoísmo y el altruismo como antónimos. El amor propio y el amor por los demás se han vuelto opuestos irreconciliables.

Actualmente se ha impuesto la teoría de Kant de que si haces algo bueno y te sientes bien por ello, la acción se descalifica como indigna. No lo haces por los demás, sino que lo haces por ti mismo.

Es decir, A nivel individual la creencia de que el egoísmo es malo nos infringe un dolor moral innecesario y socava nuestro deseo innato de ayudar a otros y ser generosos. Por lo tanto, es el enemigo de las relaciones altruistas.

Si vemos el egoísmo y el altruismo como opuestos irreconciliables, entonces un acto generoso no puede ser ni egoísta ni altruista. No se puede ser altruista porque nos beneficiamos de ello.

Con este planteamiento bloqueamos la espiral de generosidad (damos, nos sentimos mejor y nos induce a volver a dar para volver a sentirnos mejor). Si caemos en que dar porque nos sentimos bien nosotros, es egoísta, en lugar de altruista, bloqueamos esta espiral positiva y bloqueamos nuestra propensión a dar en el futuro. De aquí que digamos que si el amor propio y el amor por los demás está en oposición no puede haber generosidad y sin generosidad no puede existir el amor verdadero, ni prosperar la amistad genuina.

De hecho, las personas que ayudan a otros reciben tantos beneficios que se puede pensar que no existe acción más egoísta que un acto generoso.

¿Fuerte verdad?

En lugar de luchar con nuestra constitución innata definiendo algo como inmoral, por ser también egoísta, deberíamos regocijarnos de este maravilloso aspecto de nuestra naturaleza.

Así conseguiríamos que cada acto de generosidad fortalezca nuestro deseo de hacer el bien a más personas. Es decir, ser egoísta es algo bueno.

La dicotomía entre el amor propio y el amor por los demás no es de toda la vida

Si lo pensamos,  esta dicotomía entre el amor propio y el amor por los demás no es algo que haya existido de siempre. Actualmente se ha impuesto en el mundo occidental esta negación del yo individual y de la naturaleza humana, tendente a pensar en lo propio como motor principal de sus acciones.

Pero si pensamos por ejemplo en la regla de oro de la religión católica:

«Amar a nuestro prójimo como nos amamos a nosotros mismos».

O la regla de:

«No hacer a los otros lo que no queramos que nos hagan a nosotros.»

Esta filosofía se encuentra en la mayoría de los códigos morales seculares y religiosos de Oriente y Occidente que se conocen.

Si lo piensas, la regla de oro da por sentado el amor propio como bueno. Después de todo, el yo interior se convierte en el estándar del amor por los demás.

El estándar de cómo nos tratamos a nosotros mismos, se debe convertir en el estándar de como tratamos a los demás.

El amor propio es un prerrequisito para ser capaces de amar a nuestros semejantes.

Así que realmente no necesitamos de una reinvención total de nuestros verdaderos valores morales. Sino que sólo tenemos que volver a nuestras raíces.

Confucio dijo hace 2.500 años:

Desde el hijo del cielo hasta las masas, todos deben considerar la cultivación de la persona como la raíz y la ruta para relacionarnos con todo lo que nos rodea.

Confucio

En otras palabras, cuidarte a ti mismo es la base de una relación moral y respetuosa con los demás.

Si no cuido de mi mismo, ¿Quién lo hará?, pero si sólo cuido de mi mismo ¿quién soy yo?

Rabino Hillel

Es decir, que según el rabino, es imposible tener una cosa sin la otra.

ESPIRAL ASCENDENTE DE LA GENEROSIDAD

En definitiva, la dicotomía entre egoísmo y altruismo; el amor por uno mismo, es decir, el amor propio y el amor por los demás no nos llevan a ningún lugar positivo; nos alejan de nuestros verdaderos morales de raíz y nos conducen a no sentirnos bien cuando hacemos cosas buenas por los demás.

Mi conclusión: la base para una buena relación con los demás parte de una buena relación con uno mismo y sólo se puede tener una buena relación con uno mismo si te preocupas por los demás, es decir, que el egoísmo y el altruismo son 2 partes de la misma rueda que nos pueden hacer un mundo mejor.

Si te tienes que quedar con algo de este Post quédate con la idea de que ser egoísta es bueno y necesario y con el concepto de la espiral ascendente de la generosidad.

Ayudando a otros nos sentimos generosos, nos sentimos bien. Lo que significa que nos estamos ayudando a nosotros mismos. Como nos sentimos mejor, es decir, nos estamos ayudando a nosotros, nos empuja a ayudar a otros y esto es el verdadero círculo virtuoso de ayudar a los otros para ayudarnos a nosotros mismos. Y esto demuestra que la división entre amar a los demás y amarse a uno mismo no tiene fundamento real.

 Si has tenido suerte y has sido generoso de verdad en tu vida, podrás entender la frase de que “no existe hecho más egoísta que la generosidad”, porque realmente pocas cosas te hacen sentirte tan bien como ayudar a los demás.

Conclusión: ser egoísta no es malo. Presumir si lo es, pero hacer algo por los demás porque te hace sentirte mejor a ti mismo, es algo normal y bueno que ayuda a la gente bondadosa a ser más bondadosa cada vez.

Conrado MartínezAutor: Conrado Martínez
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Esta entrada tiene 2 comentarios
  1. Buenos días Conrado,

    He leído tu reflexión sobre el egoísmo en y quería compartir contigo algunas breves reflexiones surgidas tras su lectura.

    Decirte que estoy de acuerdo con tu idea central que reivindica el amor a uno mismo como parte integrante de una conducta generosa.

    Esta conducta de amor a sí mismo y, posteriormente, a los demás tiene a su vez un núcleo antropológico basado en la dignidad del ser humano: en el caso de la religión católica esta dignidad radica en ser criaturas de Dios, hijos de Dios, y de ahí la fraternidad; en el ejemplo que pones de Confucio, radica en el desarrollo cultural del ser humano Es decir, hay un valor en el ser humano que, por el hecho de serlo, es constitutivo de su propia naturaleza, innato. Y hablando de Antropología, ésta ha demostrado que el miedo ha sido uno de los ejes de la evolución, siendo un mecanismo básico del cerebro que permite avanzar. Por tanto, biológicamente el mirar por uno mismo nos es esencial y, en absoluto es incompatible con el amor a los demás, es más, es su condición de posibilidad.

    El hecho de que trates un tema que implica una atención a un fundamento moral, ontológico o religioso, reivindicándolos, demuestra que vivimos en un mundo superficial que ha perdido el norte y que desprecia cosas tan básicas como el amor a uno mismo e incluso, me atrevo a pensar, ni siquiera reconoce que haya “naturaleza humana”. Se podría entonces enlazar tu artículo con la idea de una tendencia actual hacia un relativismo salvaje que hace que nada tenga sentido profundo, estable ni verdadero.

    Efectivamente, la prioridad en el mensaje católico de Jesús es el del amor hacia uno mismo siendo éste la fuente de donde emana el amor a los demás. La cuestión acerca de en qué consiste ese amor a uno mismo para que pueda dar paso al del prójimo, no puede consistir en una actitud egoísta, es decir, si tienes una tendencia narcisista hacia ti mismo, no te estás amando. Se trata de comprender el valor ontológico que todo ser humano tiene por el hecho de serlo. En ese sentido, no utilizaría el término “egoísta” para reivindicar lo que defiendes porque la propia palabra, por su propio significado, tiene connotaciones negativas y puede dar lugar a equívocos.

    Utilizaría más bien conceptos como respeto, dignidad, amor, cuidado (este ya lo utilizas en un momento de tu exposición), etc.. referido a uno mismo y a los valores. Aunque sospecho que lo utilizas para hablar con la misma terminología usada por tus enemigos dialécticos.

    Por último, desconozco la magnitud de la influencia de Kant en el sentido en el que la expones, sin duda uno de los mayores filósofos de la historia, pero sí te puedo decir que su teoría moral (imperativo categórico) es impracticable. Es, por otro lado correcta la observación que haces sobre ella: su rigorismo racional no da lugar a emociones positivas. Quizá haya hecho daño también una mirada equivocada de la religión que desemboca en un excesivo celo enfermizo en la humillación y el desprecio de uno mismo.

    De todos modos está muy bien hilvanada esa influencia que dices de Kant en tu argumento y puede que sea verdad; podemos pensar también que es una de las muchas consecuencias de la ciega apuesta del mundo por un relativismo salvaje que provoca la desintegración de valores éticos fundamentales, desprecio de la actitud religiosa, indiferencia hacia la verdad, desprecio de fundamentos (concepciones como “naturaleza humana”), etc…

    Si todo vale lo mismo, el ser humano no vale nada, no tiene naturaleza, por tanto, ser “egoísta”(amarse) es un error, un desvarío sin sentido.

    Nuestro bien más preciado es nuestra vida vivida junto a la de los demás. Cuidando la nuestra, cuidaremos de las otras. Tenemos que querernos porque somos valiosos; queriéndonos a nosotros podremos volcarnos generosamente con los demás.
    Es una buena meta personal el practicar la espiral ascendente de generosidad para que, con ayuda de todos, se transforme en meta social.
    Y nada más, muchas gracias por tus reflexiones tan oportunas, cargadas de razón y que hacen pensar; es de agradecer en estos tiempos.
    Iñaki

    1. Muchísimas gracias Iñaki, me encanta tu comentario. De hecho, enriquece y mejora mi post, así que muchas gracias por compartir.
      Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices y a ver si somos capaces de empujar entre todos nuestras espirales ascendentes de la generosidad 🙂

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