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El hombre y el feminismo, la relación equivocada

El Hombre Y El Feminismo

Tengo que admitir que la relación entre el hombre y el feminismo nunca ha sido un tema que me haya preocupado demasiado. El feminismo es un tema de tías y yo soy un tío, así que no está en mi lista prioritaria de preocupaciones.

Sin embargo, intentar conseguir una sociedad lo más justa e igualitaria posible si ha formado parte de mis preocupaciones más a menudo.

Pero antes de entrar en materia con respecto a la relación entre el hombre y el feminismo creo que es importante que aclare algunos puntos para evitar confusiones:

  • Ni soy un especialista, ni intento serlo. He estado pensando sobre este tema de la masculinidad y el feminismo y tengo unas cuantas reflexiones transgresoras que quiero compartir.
  • Si fuera políticamente correcto creo que no cumpliría con mi objetivo de resaltar, lo que desde mi punto de vista son incongruencias, y tampoco podría abrir nuevos posibles puntos de vista.
  • No intento convencer a nadie de nada, sólo intento compartir un punto de vista diferente para pensar y para ayudar a pensar a quien quiera analizar el tema conmigo.

Si prefieres escuchar que leer, puedes escuchar el capítulo del podcast «la relación entre el hombre y el feminismo, la gran equivocación y el igualitarismo:

¿QUÉ INTENTA SOLUCIONAR EL FEMINISMO?

Como he reconocido al principio, sin ser un especialista sobre el tema, ni siquiera alguien especialmente sensible al respecto, pero con la perspectiva de un padre de chicos y de chica, me gustaría pensar que el feminismo lucha contra una sociedad injusta porque no se trata igual, ni se dan las mismas oportunidades a hombres que a mujeres.

Lógicamente las más preocupadas por este problema (como por cualquier otro) son las personas directamente perjudicadas por el mismo, es decir, las mujeres en este caso.

También puedo entender que en el siglo XIX la reacción de los hombres que veían peligrar su estatus y sus privilegios fuera defensiva y que por ello las mujeres no hubieran tenido otros mecanismos que la lucha activa.

Así es como inicialmente se forjó la relación entre el hombre y el feminismo. Los unos en un bando y las otras en el otro.

Sin embargo, mi gran duda es si en la actualidad este planteamiento y esta distinción entre bandos sigue teniendo sentido.

¿Tiene sentido esta perspectiva de una mitad luchando contra la otra mitad?

¿Qué sería más efectivo una lucha radical de mitad de la población o una lucha del conjunto de la población?

La mitad del problema

Desde mi punto de vista el gran problema del feminismo del siglo XXI es que se queda con la mitad del problema.

En los siglos anteriores no estábamos preparados para la radicalidad de pensamiento de que el hombre y la mujer éramos iguales o que al menos deberíamos tener los mismos derechos, oportunidades y obligaciones. Sin embargo, creo que esta ya no es la situación en la actualidad.

Por eso creo que el movimiento radical que enfrenta al hombre y a la mujer, que demoniza al hombre y que busca la discriminación positiva de la mujer. Hasta incluso ese movimiento que alumbra la parte de los problemas de la mujer, sin pensar ni atacar los problemas de la otra mitad es algo pasado de moda e inefectivo.

Si demonizas a un colectivo es normal que ese colectivo reaccione a la defensiva. Por eso creo que el gran problema en la relación del hombre y el feminismo actualmente está en que hay feministas que siguen pensando que el fallo de una sociedad discriminatoria es algo que sólo afecta a una mitad, y que la solución pasa por la lucha activa de esa mitad en contra de la otra mitad.

El hombre normal del siglo XXI no está en contra de la igualdad

Yo creo que este es un hecho incuestionable en las sociedades occidentales: la racionalidad imperante defiende que hombres y mujeres deberían tener los mismos derechos, obligaciones y oportunidades.

En mi opinión, la gran mayoría, indistintamente de hombres y mujeres, derecha e izquierda, ricos o pobres, pensamos que una sociedad justa nos debe tratar a todos igual. Todos queremos una sociedad mejor.

En este tema concreto, nadie odia a las mujeres o piensa en cómo perjudicarlas. Raro es el que no quiere a su madre y muchos somos padres de niñas que queremos que gocen de las mismas oportunidades que los niños, por eso mantener la ficción de una lucha de una mitad contra la otra me parece la gran equivocación.

En contra de qué estoy en la relación del hombre y el feminismo

Estoy en contra de:

  • La radicalidad de la lucha de un bando contra el otro. De los clichés de “lucha contra el enemigo”, “muerte al hombre opresor” y cosas por el estilo.
  • De la discriminación positiva. Yo creo que ya ha pasado el momento en el que era necesario perjudicar a unos para beneficiar a otras. (El fin no justifica los medios, también en este tema y perjudicar a propósito a unos para beneficiar a otras no creo que sea una práctica igualitaria, que es lo que todos estamos buscando).
  • Los que piensan que conseguir una sociedad más justa e igualitaria es un tema que sólo preocupa a una mitad de la población
  • Los que piensan que la lucha de unos contra otros será más efectiva que la lucha de todos juntos.
  • Los miopes que atacan un problema global mirando sólo a una mitad olvidándose de la otra.

Me voy a centrar en este último punto porque creo que quizás sea el único que no se entienda a la primera.

Mi tesis es que hay que superar el enfoque del feminismo que lucha sólo por solucionar los problemas de la mujer, olvidándose del papel del hombre y que habría que hacer un movimiento más global: “los igualitarios” o “igualitaristas” que miren en los dos lados (hombres y mujeres) para buscar causas y soluciones al problema actual.

EL IGUALITARISMO

Se me ha ocurrido buscar igualitarista en Google para ver si era un palabro o existía y resulta que sí existe. Según la Wikipedia:

El igualitarismo consiste en considerar a cada ser humano como igual, sin importar su raza, etnia, religión, sexo, orientación sexual, etc. En este sentido, el igualitarismo significa reconocer las diferencias que existen en el otro sin discriminarlo por ellas. Por lo tanto, cada ser humano debe tener los mismos derechos en la sociedad.”

Me encanta, además de que creo que soluciona un problema: el feminismo resulta excluyente para muchos hombres, mientras que el igualitarismo en cuestiones de sexo creo que unificaría la voluntad de todos.

Alguna vez mi hija me ha comentado: -papá, parece que si soy mujer y no soy feminista no me preocupan mis derechos.

Y siempre me ha costado responderla, ahora le diré que más que ser feminista en el sentido de luchar por los derechos de una mitad en contra de la otra mitad, existe la posibilidad de ser igualitarista y luchar por los derechos, deberes y obligaciones de todos, con un prisma global para conseguir el respecto de las diferencias y la igualdad de todos.

Me parece más acorde con nuestros tiempos y por cierto, tengo otro punto contra el que estoy en contra: estoy en contra de aquellos(as) que piensan que para que la mujer triunfe tiene que actuar más cómo los hombres y asimilar su manera de actuar a la de ellos. Por eso me gusta lo de respetar las diferencias (y las mujeres son diferentes a los hombres) pero asegurando la igualdad.

El problema de la masculinidad

Voy a dar un paso más en la polémica para apoyar mi argumento de que el problema de la relación entre el hombre y el feminismo es que sólo se ataca mitad del problema.

La primera vez que pensé sobre esto fue escuchando a Liz Plank, feminista de pro, que decía que después de 20 años de activismo empezó a darse cuenta que no le veía sentido a reuniones de mujeres pensando en cómo solucionar sus problemas sin contar con la presencia y apoyo de la otra mitad de la población.

El problema no se puede atacar sólo desde un lado, seguro que hay algo en los hombres, en la masculinidad y en lo que la sociedad imprime en los machos que se puede analizar y mejorar.

No es que se tenga que atacar a los hombres para que cambien y para que renuncien a sus privilegios para que las mujeres alcancen la igualdad. Sino que, además del análisis y ataque al problema desde el lado femenino, hay que analizar y atacar el problema desde el lado masculino.

Qué significa la masculinidad, ser un hombre.

Si dirigimos la iluminación de las preguntas a esta parte de la ecuación igual podemos encontrar nuevos caminos hacia la igualdad en cuestiones de género, que es lo que realmente buscamos la mayoría.

Si lo piensas, la masculinidad es como algo que hay que ganarse: todavía eres un niño… Para ser un hombre tendrías que…

Tenemos dentro de nuestras creencias que el hombre debe ser el protector de la familia; la roca; la parte solida que da estabilidad… Ya hemos superado la teoría de “los hombres no lloran”, pero seguimos lejos de aceptar dentro de nuestros roles occidentales que pueda ser normal que la mujer sea la parte fuerte y defensiva del hogar o que el hombre sea el encargado del hogar.

Sí, cada vez lo vemos más, pero es como algo moderno que está ahí que se sale de la norma. Por ejemplo, en mi casa la manitas es mi mujer y es algo que tengo aceptado, pero que interiormente me sigue molestando cuando viene el fontanero y me echa una mirada de sorpresa cuando ve que el problema se lo explica mi mujer y yo me mantengo ajeno al problema, porque ese es el rol de ella y no el mío.

En mi casa también es lo normal que si hay que ir al colegio a hablar con los profesores, el elegido sea yo y que mi mujer prefiera quedarse en casa.

¿Por qué cuento esto? Porque igual que creo que el feminismo antiguo de la lucha de una mitad contra otra está superado por el igualitarismo de todos, también creo que, sin embargo, hay cosas dentro del rol asignado al hombre moderno en las que todavía hay que trabajar para conseguir la igualdad.

En conclusión, para ayudar a la causa feminista habría que ayudar al hombre en su camino hacia una masculinidad evolucionada. Y ten por seguro que esto no se consigue desde la lucha de unos contra otros, sino con la colaboración de unos y de otras para encontrar todos los problemas, en todos los lados y trabajar juntos para solucionarlos.

Esta debería ser la verdadera relación del hombre y el feminismo o mejor dicho la verdadera relación del hombre y la mujer para conseguir una sociedad mejor e igualitaria.

¡Viva el igualitarismo!

Conrado MartínezAutor: Conrado Martínez
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